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Sobre la hipocresía en la que vivimos

22 SEP 2016 | 09:23 “La culpa de nada”, nueva obra de Victoria Hladilo, sorprende por la veracidad y la crudeza: el mundo de las apariencias en parejas que la “caretean” pero no se aguantan.

Por Javier Firpo - jfirpo@larazon.com.ar

“El maltrato, escondido en el accionar cotidiano, se ha naturalizado”.
“El maltrato, escondido en el accionar cotidiano, se ha ...

Hace poco más de dos años, Victoria Hladilo pegaba el salto al reconocimiento con “Sala Roja”, una atrapante obra sobre un grupo de incisivos padres que se reúne en un jardín de infantes para definir cada detalle que involucra a sus hijos. Ahora la autora, directora y actriz, respaldada por aquel trabajo que le abrió el camino, ratifica su talento, ingenio y autoridad con “La culpa de nada”, una comedia dramática acerca de la crisis de la pareja y del lugar del hombre y la mujer en nuestra sociedad.

Hladilo hace una construcción veraz y convincente de parejas jóvenes, ya padres, que -de alguna manera- no soportan la vida con el otro. La autora hace carne la insatisfacción, la falta de respeto y la hipocresía por mantener el estatus de “familia feliz” ante su entorno.

“Está plagada de guiños a mi historia personal como a mundos con los que convivo y observo. No hubo algo puntual que la disparó, sino que surgió a partir de una observación que vengo haciendo hace tiempo”, explica la actriz que encarna a la picante Tana, que aporta la cuota de alivio en una noche tensa, pero también cierta dosis de sensualidad y desprejuicio.

“El asunto que despierta mi interés en trabajar este material tiene que ver con el encuentro (o desencuentro) entre dos mundos distintos: uno es el de ellos, el grupo de amigos, tradicional, machista y sostenido con apariencias. El otro es el de “ella”, la mujer de uno de los del grupo, que proviene de un mundo progresista, heterogéneo y abierto. En el cruce de ambos mundos es donde se me abre el apetito por escribir ‘La culpa de nada’, que para mí cuestiona el rol de lo femenino y lo masculino, puesto en jaque de diferentes maneras”, explica didáctica Hladilo.

La hacedora de esta comedia que muta en drama y, por momentos, en thriller, afirma que la pieza es como una denuncia de lo enquistado y naturalizado que sigue estando hoy en la sociedad el lugar que le es dado y permitido al hombre y a la mujer. “El maltrato, escondido en el accionar cotidiano, parece ser aceptado por todos, al menos hasta que se pone fuertemente de manifiesto”. Otra virtud es que Hladilo imprime -con sabiduría- un necesario humor, aunque resulte un humor cruel.

En la actualidad, el teatro off tiene una temática recurrente: parejas de treinti largos-cuarenti pocos, con hijos, que ya no se bancan. ¿Será un tópico que golpea a esta generación? “Asumo que muchos de los que hoy estamos escribiendo historias, estamos transitando ese momento de la vida -reconoce Victoria-. Toda obra de arte habla también de quién la hace y del tiempo en el que fue hecha. Seguramente en nuestra generación hay un fuerte deseo de dejar atrás la hipocresía y las apariencias. De hablar, de poner la crisis de manifiesto. Se ve, se siente y no es casual que el teatro lo represente”. Hladilo, además de ser una autora y directora que crece a pasos agigantados, es una actriz sólida y versátil. Su Tana divierte, atrae y hasta resulta querible. “Es un personaje que, con su accionar, termina enalteciendo al género femenino. Defiende el goce del propio cuerpo sin tabúes ni caretas, se permite disfrutar de su sexualidad y eso es admirable. Es una mujer muy segura de sí misma, que disfruta de su cuerpo, de su sexualidad y que usa el poder sexual que tiene”. ¿Y cómo es que la “jefa” lleve a cabo el rol más atractivo? “Dudé mucho en hacerlo, no sólo por la dificultad en el trabajo, sino también, porque el juego que el personaje tiene, también me expone y me genera vergüenza. Pero finalmente me animé, porque para mi fue eso: animarme”.

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