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“Estoy con ganas de lucharla”

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20 ABR 2015 | 09:30 “Me estoy acomodando a esta vida”, confiesa Sergio Renán, que se recupera de la traqueotomía que le practicaron. Actor, director y regisseur refinado, dirá presente hoy y mañana en las exhibiciones de “La tregua” versión restaurada.

Por Javier Firpo - jfirpo@larazon.com.ar

Sergio Renán.
Sergio Renán.

“Antes que nada, te pido disculpas por la voz. Con esto –señala su garganta-, se me hace difícil hacerme entender”. El esfuerzo bien vale la pena y se lo escucha, aunque bajito, a Sergio Renán, quien tuvo el coraje y las ganas de atender a la prensa para hablar sobre la restaurada “La tregua”, su ópera magna de la que se verá su flamante versión, hoy y mañana, en dos funciones especiales del Bafici. Un abrazo cariñoso del actor, director y regisseur resulta el preámbulo de una cálida y emotiva charla a la que Renán se muestra predispuesto, digno y con una fortaleza encomiable.

¿Cómo la vas llevando?
No es fácil todo lo que me pasa, pero me estoy acomodando y peleándola. Tengo ganas de seguir trabajando, de lucharla y de seguir viviendo básicamente.

¿Te estás reinventando?
Otra vez me pone a prueba el de arriba. Es jodido. La falta de cuerdas vocales me priva de uno de los hábitos más placenteros que tenía como regisseur, que era cantar la ópera junto con los cantantes. De todas maneras, la presencia de la música en mi vida sigue siendo muy estimulante para este momento.

Renán se encuentra encarando los ensayos, como director de escena, de “L’Elisir D’Amore”, que se exhibirá en mayo en el Teatro Colón. “Me gratifica el trabajo pero también me cuesta, porque hay una multitud de gente a la que le debo hablar. Por eso digo que me estoy acomodando, espero poder mejorar un poco, pero sé que no habrá grandes cambios con mi voz”, hace saber Sergio, a quien le practicaron una traqueotomía. “Tengo una válvula y pueden haber matices diferentes de volumen, pero no muy grandes. Lo concreto es que yo con esta voz y apretando el botoncito -se lo señala- tengo que dirigirme a multitudes”.

Es muy corajudo de tu parte…
La gente con la que trabajo está muy impactada … Favorablemente impactada.

Podrías haberte guardado en tu casa, tranquilo, sin exponerte...
No me imagino la vida encerrado en casa, sin hacer nada. Yo amo lo que hago. Y trabajar y brindar notas son como estímulos para hacerle frente a los avatares de la vida. Trabajando en una obra como “L’Elisir D’Amore” o presentando nuevamente “La tregua” me devuelven, de a ratos, la felicidad.

Mencionás “La tregua”. ¿Por qué fue al Oscar, suponés?
Aunque parezca mentira, aún no sé bien el motivo. Sí creo que tiene una fuerte cuota de irrealidad y magia, que la hacen distinta. Fijate que ninguno de los personajes, y eso que es una película coral, tiene maldad. A todos los mirás desde el afecto.

Fue tu primera película, ¡qué pegada! Pero también cuánto debe haberte condicionado…
Fue tremendo… De hacerla hoy, creo que le haría algunos cambios en un puñado de escenas. Es la eterna disconformidad del director. Me costó volver a verla: lo hice hace poco, después de doce años. (Pausa y reflexión). Ni el más optimista de los que estábamos en el set pensó que sucedería lo que sucedió. Lo vivimos con alegría, locura y desconcierto.

Se le ilumina el rostro a Renán, ese rostro curtido, expresivo y aún con secuelas de aquel galán que seducía y enamoraba. Los recuerdos viajan como diapositivas: “Yo era un actor con una carrera digamos normal. Pero a partir de ‘La tregua’, sin pretenderlo, me convertí en un personaje de una enorme popularidad que no tenía nada que ver con la condición de cineasta de aquel entonces”, afirma mientras sus ojos se ponen vidriosos.

¿Cuál fue el efecto negativo de todo lo bueno que generó “La tregua”?
Que paralizó mi potencial creativo. Porque todo el mundo decía: “¿Y ahora? Si ésta fue la primera, lo que será la siguiente”. La presión que me generó me hizo sentir muy mal, lo padecí mucho. Pensá que iba a hacer una película con Alfredo Alcón, pero terminé arrugando...

¿Cómo saliste de ese trance?
Me costó pero terminé comprendiendo que la trayectoria de un director consta de éxitos y fracasos.

En esa época vos brillabas y el país, lentamente, iba camino hacia un período infame…
Paradojas de la vida. Yo vivía el momento profesional más importante, y el país se oscurecía lentamente. En 1975, volviendo de la ceremonia de los Oscar, me enteré de que integraba una lista negra de sentenciados de la Triple A. Me daban cuarenta y ocho horas para abandonar el país.

Estaba devastado pero no me moví.
“La tregua” tiene el triste récord de actores exiliados: Alterio, Cipe, Brandoni, Aleandro, Marilina, Vidarte, Lautaro Murúa… Y uno de los cuales murió de tristeza: Luis Politti. Nunca vi a alguien tan abatido por el exilio en España.

Antes de ir al Oscar, en 1974 viajaste con Alterio a San Sebastián y terminaste volviendo solo…
Fue terrible. Llevamos la película a la sección Nuevos Creadores. Estando allá, nos llamó por teléfono Tita, la mujer de Héctor, avisando que Alterio integraba la primera lista de la Triple A, en la que también estaban Nacha Guevara, Horacio Guarany y otros. Y ella desde Argentina le pidió que no volviera. Fue una mezcla de espanto con indignación.

¿Qué ves cuando mirás adelante?
No puedo evitar que todo lo que estoy haciendo ahora pueda ser lo último. Soy realista. Yo hace un año no tenía cáncer de laringe y mirá… Tengo 82 años, mi salud fue bastante robusta, pero cuando me aparece algo (como aquella pancreatitis aguda que casi lo mata), nunca es una boludez. Por eso estoy atento, aunque peleo, soy un viejo duro y tengo una mujer (Adriana) al lado que es de fierro, una santa. Tuvo la mala suerte de que le tocara esta versión de mí. Por ella, también, es que la quiero seguir luchando.

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