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A un año del adiós al gran Tato Pavlovsky

13 OCT 2016 | 09:03  El Centro de la Cooperación realiza una restrospectiva de las obras más significativas de este autor, considerado “un revolucionario del teatro latinoamericano”.

Por Javier Firpo - jfirpo@larazon.com.ar

Tato Pavlovsky: un antes y un después en el teatro latinoamericano.
Tato Pavlovsky: un antes y un después en el teatro ...

“Tato, singular animal de teatro, instintivo ser humano, hoy transformado en santo revolucionario. Ético, ética al servicio de sus acciones y no hay vuelta atrás. A duelo Tato se enfrenta si quieren desviar su sentido, que será el extravío en situación adversa”, pega el grito en el cielo Eduardo Misch, actor y amigazo de Eduardo Pavlovsky, autor, director, dramaturgo, intérprete y médico con formación psicoanalítica, que murió hace un año.

Pero sobre todo, Tato fue hacedor de un teatro de resistencia, de ética y de independencia. “Cuando se muere un gran actor nace un mito”, resume a la perfección el docente e investigador teatral Jorge Dubatti.

Como homenaje y una suerte de retribución, el Centro Cultural de la Cooperación decidió recordarlo con la adaptación de sus trabajos más importantes (ver recuadro).

“Para mí, el homenaje a Tato tiene una serie de significaciones que me asocian fuertemente a su figura como intelectual y como artista. La inauguración del CCC se realizó con su actuación en ‘La gran marcha’, que fue una adaptación que el propio Pavlovsky había hecho sobre ‘Coriolano’, de Shakespeare”, señala Juano Villafañe, director artístico del Centro. “Desde entonces, Tato nos acompañó con su trabajo hasta los últimos días de su vida”.

Christian Forteza, otro impulsor de este tributo, se da el lujo de dirigir tres versiones de obras de Pavlovsky. “Estoy raro, tengo un sentimiento de alegría y tristeza a la vez, pero la verdad es que nada mejor que recordarlo con sus textos”.

No hay nadie del círculo intelectual que no afirme que Pavlovsky fue un antes y un después en la historia del teatro latinoamericano.

“La primera vez que lo vi, en ‘Potestad’, en 1985, me quedé hipnotizado. La sensación que tuve, a mis entonces veinte años, fue la de estar frente a un titán de la escena, ante un gigante de la ética del teatro independiente, ese teatro que tiene que ver con la pasión, con el hacer y el decir; no con lo material ni con la expectativa mediática”, describe Dubatti, autor de “Teatro completo de Eduardo Pavlovsky”, siete tomos con sus obras completas.

En este mes de evocaciones y recordatorios habrá mesas redondas y charlas con figuras como Elvira Onetto y Norman Briski. “Lo conocí desde muy chica, somos primos segundos, por eso Tato es un referente por su coherencia en la vida y en su labor como actor-autor, que es casi como una forma de resistencia o militancia en relación a la libertad de decir”, piensa Onetto.

“Con esa mezcla de Beckett y Pinter, él definía su poética como un teatro de estados; es decir, un teatro de poco movimiento, pero de mucha intensidad interpretativa y de un realismo exasperante”, analiza Forteza.

Sin obsecuencias, ni pretender quedar bien, sino desde el sentimiento más profundo, se destaca a rajatabla la calidad humana del revolucionario realizador de “El señor Galíndez”: “Siempre me asombró esa energía natural, esa vitalidad, ese ánimo de quien hace lo que ama a pesar de todo -cuenta su incondicional compinche Norman Briski-. Tato era como un oso, un grandote, dueño de una figura inherente a su ética y estética... Extraño las largas charlas de cada mañana sobre la creatividad, las invenciones y cómo pensar otra manera de ver la realidad”.

Villafañe subraya la pasión que destilaba por el escenario. “Llegaba al teatro para vivir y vivir siempre nos salva. Tato nos salvaba y nos hacía vivir”. Eduardo Misch vuelve a apelar a lo emocional y figurativo: “Tato, ¿dónde estás? Físicamente no te encuentro, aunque hay tantas imágenes tuyas a mi alrededor, que podría decir que pronto regresarás. Podemos escuchar Pink Floyd, que tanto te gusta y escribir algo que se te ocurra... Vos cerrá los ojos que yo voy escribiendo en la compu, o si querés vas escribiendo a mano cómo te gusta a vos y yo después lo paso. ¿Querés, luego, dar un paseo por el barrio, tomamos algo en el bar de Rulo?”.

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