La Razón

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Encantadora obra con dos actrices fabulosas

4 JUN 2015 | 08:28 Acaba de estrenarse “La Pilarcita”, la exquisita pieza de la ascendente María Marull, con estupendas labores. Sobresalen Paula Grinszpan y Lucía Maciel.

Por Javier Firpo - Jfirpo@larazon.com.ar

La Pilarcita.
La Pilarcita.

“La Pilarcita” es una obra pequeña pero a la vez inmensa. Con una historia chiquita logra una puesta maravillosa, exquisita y tan agradable que produce bienestar. Estrenada la semana pasada en El Camarín de las Musas, “La Pilarcita” permite ir descubriendo a una autora y directora más que promisoria como María Marull, quizás algo eclipsada por la figura de su marido, el indiscutido Damián Szifrón.

Vale abrir un paréntesis para subrayar que tanto María, como su hermana melliza Paula, quien ya demostró su talentosa pluma con “Vuelve”, y está por estrenar “Yo no duermo la siesta”, resultan dos de las tantas gratificaciones que tiene el teatro alternativo.

Volviendo a “La Pilarcita”, María Marull plantea la historia en un pueblo litoraleño, donde la Santa (La Pilarcita) es motivo/excusa para que llegue gente de diversas localidades. Hasta allí arriba Selva (Luz Palazón), y su enigmática pareja, en busca de un milagro (probablemente relacionado a la salud del hombre). Se hospedan en un precario hotel regenteado por Celina (Paula Grinszpan), y Celeste (Lucía Maciel), la amiga encargada de las changas en el hotelito. La relación entre Selva, que viene de la gran ciudad, y las lugareñas irá increscendo, aunque atravesará por algunos cortocircuitos realmente desopilantes. A dicho triángulo se suma Hernán (Julián Kartún), quien no se despega de su guitarra y aporta el toque chamamecero que redondea la obra.

La temática mantiene el interés permanente con actuaciones formidables, por lo que es justo remarcar el trabajo de Paula Grinszpan y Lucía Maciel. La primera, dueña de una envidiable calma y parsimonia; la segunda, poseedora de una verborragia temible. Ese contrapunto es delicioso.

María Marull las conocía, les echó el ojo y las “cooptó”. “Fue una muy linda experiencia trabajar con María”, coinciden Paula y Lucía. “María es una directora intuitiva e inteligente. Es muy grato trabajar con ella, porque además es tranquila, pero muy detallista. Ella fue abierta a nuestras miradas y, también, siempre tuvo muy en claro lo que quería montar”, precisó Grinszpan, que tuvo participaciones en las películas “Masterplan” y “Relatos salvajes”.

“Hay algo de la cadencia de los textos, del decir de los personajes que estaba muy bien planteado desde la dramaturgia, y eso fue clave. Fue un proceso orgánico, pero a su vez de mucho esfuerzo y trabajo desde la dirección”, opina Maciel, que colaboró en el film “Sin hijos”.

Tanto Lucía como Paula coinciden en el placer de disfrutar de lo alcanzado luego de invertir tanto esfuerzo. “Apenas leí la obra, me pareció hermosa, me pude imaginar ese pueblo, el calor y cada uno de los personajes. Y fue un desafío tener que probar un acento distinto para mi personaje”, cuenta Grinszpan. “Sí, costó mucho hacer natural ese acento, pero creo que nos sale espontáneo”, complementa Maciel. Y no se equivocan, sus personajes y su cadencia vocal, que podían haber coqueteado con lo forzado, salen más que creíbles. “Cada una fue probando y encontrando una propia melodía, que hace que nos divirtamos y que no quede en una imitación del acento, sino que sea un disparador para jugar”, concuerdan las actrices, que se ganan la vida, además, dando clases de actuación.

Sin pecar de ambiciosa ni pretender adueñarse de una obra grandilocuente, María Marull hace un elogio de lo minimalista con una bellisíma puesta, escrita y dirigida por esta rosarina que tuvo el ojo clínico para elegir un elenco a tono con sus pretensiones. Desde aquí, sólo se recomienda verla. Nada más.

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