La Razón

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Los misterios que dejó la muerte de Harper Lee

25 FEB 2016 | 20:11

Por Humberto Acciarressi -

Días atrás, el mismo día que Umberto Eco, en Monroeville, Alabama, murió Harper Lee. La escritora, que se hizo célebre a comienzos de la década del 60 por su novela "Matar a un ruiseñor", que le valió el Pulitzer de Ficción de 1961, una película, numerosas obras de teatro y hasta condensaciones del Libro del Mes y del Reader´s Digest (es decir, la Biblia y el calefón en palabras de nuestro Discépolo), se había convertido en una especie de Salinger, Pynchon, Garbo o Hughes. Había resuelto pasar inadvertida, lo que logró hasta el día de su reciente muerte, cuando muchos se acordaron de aquella obra sobrevalorada, que trata con singular superficialidad los temas terribles de la injusticia racial y la violación. El libro, del que se vendieron 30 millones de ejemplares, transcurre en un pueblo inexistente del sur de los Estados Unidos, en la década del 30, centrado en el proceso contra un negro acusado de haber violado a una mujer blanca. A su abogado, Atticus Finch, es imposible no verlo como Gregory Peck, que lo interpretó en cine y que le valió - inconcebiblemente tratándose de tan gran intérprete- el único Oscar como actor.

Harper Lee, siendo una chica que no congeniaba con nadie de su género, fue vecina de otro niño, que era considerado "muy suave" por sus amigos: Truman Capote. Era casi inevitable -de acuerdo a lo que se sabe- que se hicieran amigos, y muy buenos. Cuando la mujer escribió "Matar a un ruiseñor" tenía 34 años. Su vecino dos más que ella, y en ese momento ya era autor de tres novelas (entre ellas "Desayuno en Tiffany´s"), dos volúmenes de cuentos y varios editados en diarios y revistas, una obra de teatro, un musical, un guión y hasta el célebre retrato de Marlon Brando. Incluso se dice que Truman corrigió y escribió algunas partes del libro de Harper, sobre un original que ella -en cierto momento- había tirado por la ventana. Es dable imaginar a un gran escritor tratando de arreglar algo sin ofender a su mejor amiga Y tal vez nunca se sepa en dónde residió el éxito de esa novela que por momentos parece para chicos ¿Acaso en esas correcciones de Capote? Ahora están los dos muertos. Sí existe un dato para tener en cuenta: Harper Lee nunca escribió otro libro que "Matar a un ruiseñor".

Hay que hacer una aclaración. El año pasado, con su nombre en la tapa como autora, fue editado después de varias décadas "Ve y pon un centinela". Quiso ser una secuela de aquella historia sureña, tan mal escrita que se sospecha que era el verdadero original de la obra de 1960 aunque sin correcciones. Se debe destacar que el propio Capote contó en una oportunidad que él mismo era uno de los personajes del libro de su amiga, y que ambos solían ir juntos a presenciar juicios "en lugar de ir al cine". Recordemos, en este sentido, que Harper Lee acompañó a Truman a Holcomb, donde una familia de granjeros había sido asesinada, y trabajó junto a su amigo en los reportajes que luego dieron como fruto "A sangre fría", el clásico capotiano que inauguró la corriente llamada Non Fiction, fuente además del Nuevo periodismo. Capote falleció en 1984, Harper Lee hace un par de días, es decir 32 años más tarde. Y como para redondear este asunto, estamos a cinco décadas de la publicación de "A sangre fría".   

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