La Razón

Interesa

DOSSIER

Pegados a la pantalla

1

9 FEB 2013 | 12:16 Internet y los dispositivos de la última tecnología ofrecen muchas facilidades. Los expertos discuten si existe la ciberadicción, pero en conjunto reconocen que su uso excesivo puede provocar diversos problemas. Mientras tanto, en Argentina el creciente uso de las redes sociales aumenta la preocupación por la dependencia.

Pegados a la pantalla
Pegados a la pantalla

Ni siquiera el calor y los atractivos de las vacaciones los despegan del celular, de la tablet o de la notebook. Tecnología siglo XXI: todas las pantallas, la pantalla. Internet resulta demasiado seductora. Herramienta imprescindible, brinda facilidades para estructurar la vida. Sin embargo, también entraña algunos riesgos. Cada vez más, su uso deviene en dependencia, con los consiguientes trastornos psicológicos.

La adicción a Internet sorprendió a los expertos. Recién en 2012, Australia fue el primer país en sumarla a su Manual de Psiquiatría. En la Argentina, las consultas sobre esta patología comenzaron a inicios del milenio, en plena época de cibercafé y Counter Strike, y crecieron en los últimos cinco años. “Como toda adicción, Internet puede ser el detonante de otros problemas (depresión, ansiedad, ludopatía). El uso excesivo puede vincularse con la calma de un malestar. Alivia, pero después vuelve el malestar y entonces se genera la tolerancia: necesito aumentar el uso para lograr el mismo efecto”, explica Laura Jurkowski, fundadora y directora de reConectarse, primer centro especializado surgido en el país.

El internauta es seducido por la idealización de la realidad y el acceso disponible las 24 horas. En general, Internet brinda la posibilidad de obtener la información que uno quiera en el momento que uno la necesite. En particular, cada edad tiene sus propios riesgos. Los principales inconvenientes de los chicos son generados por los juegos y el cyberbullying. En la adolescencia crece la dependencia de las redes sociales. En los adultos, se suman la pornografía y el casino virtual.

En los últimos años, dos innovaciones tecnológicas aportaron su grano de arena. El auge de los smartphones hace que el acceso Internet esté permanentemente disponible. A toda hora y en todo lugar, el mundo está a un clic de distancia. Uno de los trastornos más recientes es el de los “Crackberries”, personas que revisan cerca de 400 veces por día sus mensajes en el celular. El otro factor lo representan las redes sociales, que posibilitan el intercambio instantáneo de mensajes.

Ese cocktail produjo un problema especial: el “miedo a quedarse afuera” (FOMO, “Fear of missing out”). “La ansiedad ante la posibilidad de quedarnos afuera de algo hace que estemos chequeando todo el tiempo las notificaciones en las redes sociales y los mensajes del chat. En las redes sociales, no se muestra el perfil real, sino el deseado. Uno ve lo que hace otra persona y siempre nos parece que está bárbaro. Entonces se genera la necesidad de mostrarse”, desarrolla Jurkowski.

Un estudio reciente de ComScore concluyó que el país posee la mayor cantidad de horas invertidas en las redes sociales (10 horas mensuales, casi el doble del promedio global, que es 5,2). Su influencia aumenta entre los adultos: el segmento de los usuarios mayores de 55 años es el de mayor crecimiento en el uso de las redes sociales (en algunas zonas de América Latina, el aumento es del 95%).

Más allá de los números, el índice de dependencia no lo dan las horas frente a las pantallas. En realidad, la culpa y la impotencia trazan la frontera entre el uso y la adicción. Según Jurkowski, “la línea se cruza cuando uno es consciente de los problemas causados por Internet en la familia, en el trabajo y en la escuela, pero no puede hacer nada para modficar la situación”.

Detrás de su apariencia inofensiva, Internet puede convertirse en una adicción. Y nos puede dejar con la ñata contra la pantalla.

Dejanos tu comentario