La Razón

Política y Economía

Víctor Hugo o la caída del "relato" en público

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28 OCT 2015 | 20:10

Por Humberto Acciarressi -

El mazazo electoral que sufrió el kirchnerismo el pasado domingo, la histórica derrota de Aníbal Fernández a manos de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aies, la caída en los principales bastiones sufragistas del país e incluso en el inexpugnable NOA, el punto final para los barones del conurbano bonaerense antes peronistas y durante estos años kirchneristas, golpeó de diferentes maneras en los dirigentes, la militancia y los propagandistas del "modelo". Muchos, claro, se tomaron sus horitas antes de salir a dar la cara, entre ellos la presidente, que aún no lo hizo. Quiero decir: casi todos invirtieron su tiempo para comenzar a digerir el mal trago y cuando salieron de su estupor se dedicaron a matarse entre ellos. El funcionario y militante de Carta Abierta, Ricardo Forster, que había llamado a votar por Scioli, atribuyó la derrota kirchnerista (nadie en su sano juicio leé otra cosa antes del balotaje) a que el candidato fue al programa de Tinelli. Demasiado poco para quien dirige la insólita Secretaría de Coordinación Estratégica del Pensamiento Nacional.
 
También Hebe de Bonafini, la Luis D´Elía de los Derechos Humanos que dejó de defender hace rato, la misma que llegó a decir que "Scioli hizo mierda la provincia, pero hay que votarlo", coincidió con Aníbal Fernández que la derrota provincial se debió "a los traidores de adentro". Estos son apenas ejemplos, pero el que notoriamente no tuvo tiempo para masticar la derrota fue el relator kirchnerista Víctor Hugo Morales, quien recibió la sorpresa en el aire durante su intervención en la cadena chavista Telesur con la frase "el mundo al revés". Y la noticia se la dio nada menos que Hernán Brienza, el escriba preferido de la presidente Cristina Fernández, quien ha recomendado sus libros en su cuenta twitter, para escándalo de los también cristinistas de Carta Abierta, entre ellos el sociólogo y director de la Biblioteca Nacional, Horacio González.  
 
Pero volviendo al relator uruguayo, con cara de "trágame tierra" y silencios reveladores, cuando se enteró de las primeras cifras oficiales se limitó a mencionar "un estrepitoso cambio" y que "la palabra cambiemos se hace más real que nunca". Por supuesto, no bien se fue acomodando -cosa que no logró totalmente en ningún momento-, volvió a ejercitar su papel de "propagandista" y señaló que "hay muchos sectores que están festejando: el establishment economico internacional, los fondos buitre" y etc, etc. Pero uno de los momentos que jamás hubiera esperado llegó cuando Brienza le aclaró que los datos no decian que a Fernández le iba mal, sino que Vidal era la nueva gobernadora. Morales tragó saliva, pensó en su audiencia chavista y se limitó a balbucear que "por lo menos los medios van a estar cuatro años sin mentir", fingiendo escaso interés. Su "coequiper" -así lo llamó él- lo corrigió: "o van a seguir mintiendo, pero en un sentido positivo". Lamentables y patéticos ambos.
 
Pero más allá de esta anécdota del Mefisto (me refiero a la película de Istvan Szabó) del relato kirchnerista, es notorio que realmente terminan un ciclo insistiendo en que tenían razón. E incluso -como en su momento lo hizo Fito Páez con el electorado porteño- faltándole el respeto a los ciudadanos que les dieron la espalda. Eso es claro cuando Brienza sostiene que "las clases medias y trabajadoras votaron algo que los va a perjudicar". Agregamos que Morales sostiene que Macri ya ganó el balotaje y con éste la presidencia. Eso era, al menos, en ese momento de la noche del domingo. Ahora, después de la determinación de UNA y el massismo (o lo que se lee detrás de ella), debe ser peor. Concluyo con dos reflexiones. La primera, de Víctor Hugo Morales, quien sostuvo que "en un cuento de un buen escritor, un Bradbury criollo, no hubiera sido posible imaginar que el oficialismo perdiese por cinco puntos frente a María Eugenia Vidal". La segunda, mía, es que ningún escritor y ni siquiera los peores lectores, pueden tragarse un relato tan berreta como el que Morales y los suyos viene propalando desde hace varios años. Y, para finalizar, es lastimoso que el ahora desesperanzado Víctor Hugo diga que esperará en su casa que "todo se derrumbe de nuevo".

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