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"Maravilla" Martínez: “Llevo 15 años en el ring y sigo siendo un boxeador nuevo”

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30 SEP 2011 | 09:31 El quilmeño escaló a la cima del universo boxístico gracias a un combo de fibra y neurona, pero no se conforma: quiere a Pacquiao y a Mayweather. Mañana defiende su cinturón de diamante ante el inglés Darren Barker.

Por Luciano Gonzalez -

“Llevo 15 años en el ring y sigo siendo un boxeador nuevo”
“Llevo 15 años en el ring y sigo siendo un boxeador nuevo”

El Consejo Mundial de Boxeo lo eligió como el púgil más destacado de 2010 y la revista The Ring, la biblia del deporte de los puños, lo considera uno de los tres mejores del planeta. En Las Vegas no puede asomar la nariz sin que cientos de fans lo rodeen casi al instante, pero aquí podría pararse frente al Obelisco y apenas un puñado de admiradores le robaría una foto o una firma. “Nadie es profeta en su tierra. Pero no me interesa que me saluden en la calle sino que reconozcan mi trabajo. Y ahora está pasando”, cuenta Sergio Maravilla Martínez, a los 36 años, en la víspera de su pelea ante Darren Barker. “Me está resultando dificilísimo conseguir rivales porque estoy haciendo las cosas bien. Soy un boxeador complicado y es duro combatir conmigo”, explica el quilmeño, admirador de Monzón y de Ali, que forjó su carrera en Madrid, donde supo de privaciones y se ganó la vida como portero de discoteca, profesor en un gimnasio, modelo y camarero, antes de su explosión. “Casi no tengo talento, todo lo que logré fue en base a trabajo”, admite. Habrá que creerle.

    
Un bicho raro con dedicación completa

Escucharlo equivale a tomar una clase de boxeo, la actividad que no sólo lo absorbe sino que lo apasiona. “La gente me toma por loco. Durante el ciclo preparatorio de un combate, las 24 horas de mi día están dedicadas al boxeo. Duermo sólo porque debo reponerme para volver a entrenar. Cuando me entreno, tengo en mente al rival y al llegar a casa a descansar, me dedico a analizar videos. Además, escribo sobre boxeo, para ejercitar la mente”, admite. Se reconoce como un bicho raro y un analista del deporte, aunque no se ve como docente sino como alumno: “Todos los días incorporo cosas y pulo detalles. Llevo 15 años en el ring y sigo siendo un boxeador nuevo. Aún me quedan muchos años de aprendizaje”. Y si bien en el cuadrilátero hace y deshace solo, su devenir tiene una dosis de construcción colectiva, gracias al aporte de su promotor, Lou DiBella, su consejero, Sampson Lewkowicz, y los hermanos Sarmiento, Pablo, su entrenador actual, y Gabriel, que lo condujo desde 2002 hasta el año pasado: “La confianza es importantísima. Somos un equipo fuerte y es fundamental su participación en el trabajo diario”.


"La cabeza siempre me ha respondido"

Nochebuena de 2002 en Madrid. La cena fue tan sencilla como el bolsillo permitió: una lata de arvejas y una de tomate, que hubo que comer de apuro porque había que salir a trabajar. Por entonces, apenas había realizado dos peleas desde su arribo a la capital española. “Esa noche le comenté a unos amigos que iba a ser campeón del mundo y uno de los mejores libra por libra en un par de años. En ese momento, trabajaba por 400 euros y no tenía ni para comer. Ellos me miraron como si fuera un loco”, recuerda. Y reflexiona: “Lo que no te mata, te fortalece, era una etapa que tenía que superar. Siempre tuve claro que iba a costarme mucho, pero que iba a tener mi oportunidad y que no iba a desaprovecharla”. Esa robustez de espíritu que lo acompaña hasta hoy le ha permitido dar el salto de calidad en la Meca del pugilismo mundial: “La cabeza es fundamental y hasta aquí siempre me ha respondido. La planificación, la estrategia y el hecho de encontrarse con la mente muy clara y fuerte es clave. Arriba del ring me siento muy pícaro y con la capacidad para resolver los detalles que marcan la diferencia en una pelea”.


En la mira aparece un póquer de reyes

“Si quiero ser el mejor, debo vencer a los mejores”, es su consigna. Por eso apunta a los apellidos más fuertes del globo. Si supera a Barker, su próxima estación, reglamentariamente, debería ser Julio César Chávez, monarca regular mediano del Consejo. Pero el hijo del quíntuple campeón del mundo se niega a enfrentarlo. De todas formas, los objetivos de Martínez se ubican en otro terreno: “El plan es bajar a las 154 libras (superwelter), los nombres más importantes y las bolsas grandes están ahí”. Ya desafió a Miguel Cotto (si el puertorriqueño supera a Antonio Margarito en diciembre, podrían cruzarse en 2012) y a Manny Pacquiao, pero su gran sueño es Floyd Mayweather: “Apunto todo a él, que sigue siendo el mejor del mundo, porque esa pelea puede equivaler a diez con otros boxeadores”.


Para sacarle lustre a su último diamante

Noche de Maravilla fue el nombre elegido por la organización para promocionar la velada de mañana en el Boardwalk Hall de Atlantic City. Así, en castellano, para que no quedaran dudas de quién será la atracción de la noche. En una de las capitales del boxeo, Sergio Martínez expondrá su cinturón diamante mediano del CMB ante el inglés Darren Barker, campeón europeo de la categoría, invicto en 23 combates (14 ganados por nocaut), pero que hasta aquí no se ha medido con adversarios de gran calibre. “Cuando saca tres o cuatro golpes seguidos, los tira con mucha potencia y justeza. La velocidad no es su fuerte. La clave será trabajar con golpes al cuerpo. En cuanto lo vea flaquear, ahí deberé combinar arriba”, anticipó Maravilla.

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