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Escapar al sistema

Juan José Millás: los fantasmas de este mundo

3 NOV 2016 | 07:57 El periodista español estuvo en el país como parte del jurado del Premio Clarín Novela y para presentar su último libro. Allí, un joven sin trabajo encuentra su lugar en el mundo encerrado en un armario.

Por Paula Conde - pconde@larazon.com.ar

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Pierde su trabajo, comete un pequeño robo en un mercado de antigüedades, huye del vigilante que lo descubre y se esconde en un armario. Y, simplemente, ahí se queda. Antes de salir, el armario es vendido y, sin querer, Damián, el protagonista de esta historia, termina en la habitación de un matrimonio con una hija. Desde su escondite, no sólo espía a la familia, sino que, en sus momentos de soledad, se mueve por ese hogar como si fuera un fantasma y establece una comunicación “desde el más allá” con la dueña de casa. Esta es la idea que el periodista y escritor español Juan José Millás (70) desarrolla en su último libro, “Desde la sombra”, que acaba de presentar en el país, ocasión que también lo tuvo como parte del jurado del Premio Clarín Novela, que obtuvo Carlos Bernatek por “El Canario”. Más allá de la lectura literal, la novela también ofrece, figuradamente, una crítica a los actuales sistemas económicos.

¿Cómo surge esta idea?
Tiene dos momentos fundacionales. Uno está en mi propia infancia, porque en casa había un armario donde me escondía. Metaforiza el útero, pero también el ataúd. Y metaforiza también el propio mundo inconsciente, porque es otra dimensión de la realidad. Luego, hace algunos años, me invitaron a firmar libros en un mercadillo y allí me encontré con un armario idéntico al de mi infancia. Encontrarme con aquel armario debió remover algo muy profundo y pensé: ¿Y si yo no hubiera salido del armario? ¿Y si toda mi vida hubiera sido una fantasía construida desde su interior?

El personaje tiene la necesidad de contar lo que le pasa y se imagina entrevistado en un programa de televisión, ¿por qué este recurso?
El personaje al estar tanto tiempo solo me obligaba a describir forzosamente lo que pensaba. Pero yo no quería recurrir a técnicas de monólogo interior tradicional porque esa técnica está ya muy gastada y no siempre se ha utilizado con acierto. Se me ocurrió que se imaginara que lo están entrevistando para un programa de televisión de enorme éxito. Me permitía dialogar y demostrar lo que pasaba por su cabeza.

¿Somos víctimas de la televisión?
Sí, porque la tele funciona 24 horas al día los 365 días al año. Se nos mete en la cabeza y no somos conscientes de hasta qué punto ha creado una cultura de la televisión o una subcultura que nos iguala a todos para abajo, nos ha hecho más tontos a todos. Este personaje es víctima de esa cultura en la que a lo más que puede llegar es a salir en la tele.

Hasta se preocupa por el rating.
Él es víctima de esta cultura de la audiencia y se ocupa de decir alguna barbaridad para que el rating vuelva a subir cuando baja.

Se siente fuera del sistema y, paradójicamente, encuentra su mayor libertad y su lugar en el mundo encerrado en un armario. Llamativo.
Pero finalmente pertenece a una familia, es cierto que en calidad de fantasma. Es llamativo y es metafórico de la situación en la que vivimos, del individualismo, del sálvese quien pueda, de una maquinaria que expulsa hacia los márgenes a quien no se adapta a sus leyes y donde la mejor situación en la que se puede vivir es en la de fantasma. El mundo está lleno de fantasmas, de seres de carne y hueso que son seres fantasmales, que pasan por la vida de un modo fantasmagórico.

¿Por qué es tan expulsivo?
Porque está basado únicamente en lo cuantitativo, en lo que produce un beneficio inmediato, de orden material. Para el sistema sólo debe existir aquello que se puede contar o aquello que se puede monetizar, esta palabra tan horrible.

¿Y hay vía de escape?
La salvación, si la hay, desde mi punto de vista, no debería ser individual, sino colectiva. Lo que pasa es que este personaje lo encuentra a su manera, individualmente, porque vivimos en un mundo en el que la norma es sálvese quien pueda.

Aparece el robo como una “venganza del sistema”.
El chico no es un ladrón, pero comete un pequeño hurto que resulta un reflejo antisistema. Sin darse cuenta, ese hurto lo saca del sistema. Logra escapar de la realidad social.

Dice que el personaje se mueve por el sistema como el pez en el agua: sin comprender el medio. ¿Acaso es posible comprenderlo?
Es difícil, se dice que los peces no conocen el agua. El sistema es tan invasivo que nos ocurre lo mismo que a los peces con el agua: no lo vemos. No somos conscientes del daño que nos hace la televisión. Navegamos en esa cultura que genera ese aparato maléfico, que está emitiendo cultura, modos y modelos de ser, continuamente. Y nosotros somos obedientes. Es como un veneno que vas absorbiendo. Es como esa imagen de que si tomas una rana y la metes en una olla de agua hirviendo, la rana salta, pero si la metes en agua fría y la vas calentando poco a poco, no se da cuenta y muere sin escapar. Este es el modo en que el sistema nos va atrapando.

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