La Razón

Ciudad

NO SE LOGRA RESOLVER COMO SE FINANCIARA SU RESTAURACION

Confitería del Molino: vuelven a reclamar por su reapertura

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12 MAY 2010 | 14:08 Un grupo de vecinos y ONG's realizaron un té simbólico en la puerta de este edificio, cerrado desde hace 13 años. Ya hay tres proyectos de ley para recuperarlo, pero todavía ninguno tiene una definición concreta.

CON UN TE EN LA PUERTA, LOS VECINOS VOLVIERON A PEDIR LA REAPERTURA DE LA CONFITERIA.
CON UN TE EN LA PUERTA, LOS VECINOS VOLVIERON A PEDIR LA ...

Decidieron tomar el té, pero en la puerta de la conf itería. La protesta que organizaron ayer los vecinos y las asociaciones que defienden el patr imonio de la Ciudad, apuntó a volver a llamar la atención sobre un lugar histórico que hace 13 años tiene su puerta tapiada y el edificio en ruinas. Por si los responsables en evitar que el edificio del Molino desaparezca, todavía no se dieron cuenta que frente al Congreso nacional hay un símbolo de la historia argentina abandonado.

La confitería del Molino, se encuentra desde 1905 en Rivadavia y Callao, es uno de los últimos ejemplos de la arquitectura de la Belle Epoque en la Argentina. Tanto en la Legislatura porteña como en la Cámara de Diputados nacional hay varios proyectos para recuperar este edificio (ver recuadros), pero lo que ningún sector pudo aún resolver es de qué manera se financiará la restauración de la confitería, valuada en 7 millones de dólares.

"Venimos a apoyar la restauración y el mantenimiento de El Molino", dijo Juan Manuel Martorell, integrante de "Basta de Demoler", una entidad que trabaja en defensa del patrimonio de la Ciudad.

"En este caso, demoler y dejar caer son sinónimos. No hace falta venir con una topadora , sólo alcanza con dejar todo como está, para que este edificio se termine de caer", dijo Martorell.

Aunque el inmueble está protegido por las leyes de patrimonio de la Ciudad ­por lo que no se puede alterar su fachada­ los vecinos denunciaron que desapareció una estatua de bronce del primer piso Esta mítica conf itería fue ideada por dos reposteros italianos: Costantino Rossi y Cayetano Brenna, quien trajo de su país puertas, ventanas, mármoles, manijones de bronce, cerámicas, cristalería y más de 150 metros cuadrados de vitraux, para construir el que fue en su tiempo uno de los edificios más altos de la Ciudad. El lugar siempre estuvo ligado a los sucesos políticos que acompañaron su historia.

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